El número de cámaras no es cobertura. Un sitio con cincuenta cámaras y sin plan de cobertura seguirá teniendo puntos ciegos, y un sitio con la mitad, colocadas en función de distancias reales de detección e identificación, a menudo rendirá mejor.
La planificación de cobertura empieza por definir qué debe conseguir cada cámara: detección (algo está ahí), reconocimiento (qué tipo de objeto o evento) o identificación (suficientemente específica para uso probatorio, normalmente un rostro o una matrícula). Cada una requiere una densidad de píxeles distinta a la distancia objetivo: la identificación necesita aproximadamente cuatro veces la densidad de la simple detección.
A partir de ahí, la cobertura es una función de la distancia focal del objetivo, la resolución del sensor, la altura de montaje y la distancia al área de interés, no un número fijo de metros «cubiertos» por cámara. Una cámara gran angular que cubre un área extensa con baja densidad de píxeles puede satisfacer un requisito de detección pero fallar por completo para identificación.
La otra variable que se subestima es el ancho de banda y el almacenamiento: las decisiones de resolución y velocidad de fotogramas tomadas cámara a cámara se acumulan rápido en un parque grande, y los periodos de retención exigidos por seguros o normativa pueden dominar el coste total del sistema más que las propias cámaras.